A Practical Look at the First Week
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La primera semana de cualquier proyecto de exteriores suele ser la más reveladora. No porque ocurra algo extraordinario, sino porque es cuando aparecen las limitaciones reales: la luz cambia más rápido de lo previsto, el equipo pesa, y el plan de rodaje se ajusta sobre el terreno.
En este caso, el encargo era una serie de retratos de paisaje para un catálogo de turismo rural. Llevaba una óptica fija de 50 mm y otra de 85 mm, sin zoom. La decisión fue deliberada: quería obligarme a moverme, a buscar el encuadre caminando, no girando un anillo. Eso cambió la forma de trabajar desde el primer día.
El segundo día, a las 6:30 de la mañana, la niebla cubría el valle. No era lo que había previsto, pero ofrecía una textura que no habría conseguido con luz directa. Ajusté la exposición y disparé a pulso. Esa toma terminó siendo la imagen principal del catálogo.
La corrección cromática la hice después, en casa, con perfiles que respetan la paleta terrosa del entorno. No uso filtros genéricos; prefiero ajustar cada imagen según la hora y la temperatura de color real. Eso lleva más tiempo, pero el resultado se nota en la coherencia del conjunto.
La primera semana también sirvió para descartar localizaciones. Dos de los puntos previstos quedaron fuera porque la luz de la tarde no funcionaba con el fondo. En su lugar, encontramos un camino de piedra y un olivo solitario que dieron mejor resultado. Esas decisiones no se toman en el despacho.
Al final de la semana, tenía unas 120 tomas brutas. De esas, seleccioné 15. El resto eran pruebas, errores de enfoque o composiciones que no funcionaban. Ese ratio es normal cuando trabajas con ópticas fijas y luz natural. No hay pantalla de gran formato ni asistentes; eres tú, la cámara y lo que tienes delante.
Publicado el 12 de marzo de 2025 · Categoría: Práctica de campo